¿Cuánto cuesta un abogado? (continuación)

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¿Cuánto cuesta un abogado? (continuación)
Continuando con la última entrada, habrá llamado la atención que hacemos, y no contestamos, la pregunta del millón:¿cuánto cuesta un abogado?
Por suerte o por desgracia, esa pregunta no tiene respuesta, o al menos una única respuesta. Se debe saber, y esto hay incluso abogados que no lo conocen, que entre abogado y cliente hay libertad absoluta de fijación de honorarios, así que se convierte en esencial la claridad a la que hacemos referencia en la entrada anterior. Es decir, fijar de antemano, mediante hoja de encargo, en qué va a consistir el trabajo y el coste del mismo, ahí ya entra la capacidad de negociación de las partes, si es que la hay, la flexibilidad del abogado etc.
Por lo anterior, también resulta importante conocer las formas de minutación o facturación. Paso a explicarlo de forma sucinta, aunque suficiente, espero.
Lo tradicional ha venido siendo la fijación de un precio unitario (con diferentes hitos) y, en los procesos judiciales, esto venía condicionado por las fases procesales alcanzadas, recursos, incidencias… Aquí ha habido un cambio muy importante ya que antes existían las que se conocían como Normas de Honorarios, que se utilizaban regularmente como referencia, hoy día esas normas ni existen ni se permiten. Hablaremos de esto en la entrada referida a las costas procesales.
Aparte de esta forma, en la actualidad se puede facturar en base a lo que se llama «cuota litis», o lo que es lo mismo, «si ganamos el pleito yo cobro un porcentaje de la cantidad obtenida». Esta modalidad estuvo proscrita hasta hace unos años en que la Unión Europea, en búsqueda de la libre competencia, eliminó cualquier limitación al respecto.
Otra forma es la de facturación por horas, ésta es una modalidad importada de los grandes despachos americanos, que posteriormente saltó a Europa y, desde hace algún tiempo va ganando fuerza en los diferentes ámbitos de la práctica profesional.
Dentro de este marco nos movemos los abogados en términos generales, y dada la libertada de fijación de honorarios, existen multitud de fórmulas mixtas.
Lo importante como venimos repitiendo, es la claridad y, por descontado, la mayor honestidad posible con el cliente para que éste tenga claros los posibles riesgos y cada incidencia no se convierta en motivo de desazón.
Para rematar este tema de los honorarios, nos queda por hablar de un tema especialmente delicado como es la condena en costas, lo veremos en la próxima entrada

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